Barrio de Malasaña, Madrid, Siglo XX. Gobierna la derecha y el fin de semana de jóvenes y adolescentes gira en torno a dos cartones de vino, coca cola, hielos y vasos de mini. Todo 500 pesetas. Es Viernes, atardece y la Plaza del 2 de Mayo entra en ebullición a medida que pasan las horas. Más de mil quejas de los vecinos, instituciones y agentes del ocio nocturno después, se aprueba la llamada ley anti-botellón por la cual beberse una mísera lata de cerveza era penada con 400€ de multa o charlas. La Plaza del 2 de Mayo pasó a ser zona de guerra, con un solo color brillando: Azul. 

Claro que todo aquello era insostenible y era cuestión de tiempo que alguien sumara dos más dos y apreciara que la basura, ruidos y la gente meando en cualquier parte no daba precisamente votos. Se legisló como se legisla en España, con la prohibición mediante.

Pasando los años llegó al barrio la gentrificación, y trajo consigo la tontificación. Donde antes tenías tribus urbanas de lo más variopintos hoy tienes cromos recién sacado de cualquier Primark. los minis de Kalimotxo han sido sustituidos por los Gin Tonics, el restaurante Pizza&Pita donde comenzábamos la noche sobrevive a duras penas entre la amalgama de sushi, tiendas vintage y helados japoneses que ahora dominan el paisaje. Somos muy modernos y cosmopolitas. O no tanto.

Tampoco han cambiado tanto las cosas desde entonces, no. Ahora gobierna Manuela Carmena, una señora adorable que va camino de convertirse en “Best Major Ever” y al español de a pié nos sigue gustando la charla al sol, la cerveza y alternar con las amistades. Cualquier excusa es buena, y si se junta a unos cuantos artistas urbanos a pintar los cierres de las tiendas y las fachadas, lo llaman Pinta Malasaña, es el primer día de Sol de la Primavera pues ya tengo todos los ingredientes dispuestos.

Y resulta que gobierna Manuela, que ha apostado por educar más que legislar y no planta tres coches de la Policia Municipal para amedrentar a la muchachada; es en ciertas palabras algo más permisiva que lo que teníamos en el siglo XX. Y resulta que somos muy modernos y muy millenials. resulta que tenemos Instagram y resulta que no tenemos memoria: Resulta que somos unos cerdos. La Plaza del 2 de Mayo presenta un estado que se asemeja a un vertedero. Latas de cerveza esparcidas por doquier, algunas amontonadas alrededor de las tan escasas como saturadas papeleras. Quien iba a pensar que un día soleado acabara de esta manera. Quien iba a pensar que no tendríamos civismo ni educación, que no somos capaces de guardar nuestra mierda en una bolsa de plástico y llevárnosla a nuestra casa, o tirarla en algún contenedor más retirado.

Hagamos juntos un ejercicio de memoria, no olvidemos porqué en esta ciudad no se ha podido disfrutar durante décadas de sus calles, sus noches y sus madrugadas lejos de los precios desorbitados de los bares de copas más decadentes. Si la basura mató todo aquello, será la basura quien nos mate ahora, 15 años después, tropezando con la misma piedra. Hagamos ese ejercicio de recuerdo. De recordar que la paciencia de los vecinos no es infinita y que por mucho que se gentrifique, siempre quedará aquel vecino del barrio que baja temprano a pasear por la mañana. Ahorrémosle el disgusto y evitemos sus ganas de denuncia, de montar ruido, de darle al político de turno la excusa perfecta para sacar el látigo de la ley y la multa. Convivamos y vivamos.

Recoge tu mierda, cerdo.