Un Sábado por la mañana cualquiera, de esos que, como la noche anterior se dio pausada, aprovechas para pasar la mañana de manera saludable pasando la mañana entre pesas y mancuernas. Bajo por la Avenida de Filipinas, en un céntrico y gentrificado barrio madrileño que cuenta entre sus vecinos ilustres con uno de esos afters o matinales con solera y que poco crápula no ha pisado aunque sea una vez. Pasa desapercibido pero aquella mañana 2 chicas gritando y peleándose, vaya usted a saber por qué, para gozo y deleite de mirones, paseantes y gentes de bien que miraban con espanto la escena y comentaban la jugada airadas. Y claro, esas gente de bien votan y votan mucho. Tras la escenita montada al otro lado de la calle uno, que es perro viejo y huele la sangre empieza a agudizar el ingenio y, donde antes todo era sol, niños jugando en los columpios y señores comprando el periódico, ahora solo detectaba jóvenes apurando el mañaneo y el gramo en el interior de los coches o a la luz del día, para el horror de personal de seguridad y de esas gente de bien que votan, votan mucho.

Tras la noticia, aun incógnita del pseudosecuestro o redada acaecida en un conocido club de fumadores de Vallecas, esta semana nos hemos levantado con la noticia de sanción y cierre de Soniquete y otros históricos antros de las mañanas madrileñas. A nadie se le escapa que por encima de todo, tenemos un problema en Madrid y es que andamos peleados con esa palabra rara: civismo. Cuando desde las asociaciones de clubs y promotores de la noche y mañana se clama al cielo por un horario extendido e interminable, aparecen en la mesa de negociación con un reguero de escándalos y señores de bien sin dormir por culpa de esa juventud alborotada que a primeras horas de la mañana no suele tener a bien comportarse con un cierto de civismo (Pagarán justos por pecadores, lo sé). Y eso es una muy mala manera de presentar tu posición negociadora porque enfrente tendrás a esos señores de bien que votan y votan mucho, y contra eso no existe alcalde de izquierdas que legisle, mucho menos lo hará el de derechas. Recuerdo incluso a Manuela Carmena mucho más restrictiva en estas lides.

No voy a engañar al lector: Que cierren esperpentos como Las Horas o Soniquete no me apena en absoluto, bien cerrados están de hecho. Precios abusivos y unos acondicionamientos por los cuales deberían ser despojados de ese título honorífico que te da el ser guía espiritual de los derroteros fiesteros de la chavalada: Que no les llamen after-hours, por favor, no proponen una alternativa cultural solida y manchan el noble arte del mañaneo del que no soy primer espada pero si puedo contar en mi entorno a verdaderos doctores cum laude en la materia y me pondría enormemente triste que fueran metidos en el saco de los que le mean la cara a ese señor de bien que a parte de votar no merece tampoco que le traten como una farola en la puerta de su casa, cuestión de civismo.

Suele ocurrir cuando se debate de este tema que siempre tiene que salir a la luz el tan manido «Pues es que en Berlín» o ese aderezo de todas las salsas que es «Fíjate entonces en Amsterdam» y veo necesario pasar por tan magnas ciudades para explicar y desarrollar de nuevo el concepto de civismo que quiero reivindicar en este texto. Si has ido a festivales o rutas de Jueves a Lunes por estas dos ciudades y similares habrás podido constatar la siguiente cuestión: Nunca podrías diferenciar donde se desarrolla el festejo y las salidas y entradas de los eventos se desarrollan con la mayor de las tranquilidades (Amén de lo impoluto de los alrededores), casi asusta el silencio pero eso, ¡Oh sorpresa! gusta y mucho a los señores de bien que votan y por lo tanto, generando esa convivencia pacífica entre el bando de los que no quieren dormir y los que sí ciertas ciudades gozan de una permisividad política mayor que en nuestros dominios y ojo, sin que el bando político de turno sea relevante en la ecuación. ¡Hasta los ingleses son capaces de comportarse mejor a partir de las 6:00 am!

¿Y si deslocalizamos la cuestión y nos llevamos la juerga al extraradio? A priori buena idea  que choca como casi siempre con el monstruo del final del juego, ese civismo que brilla por su ausencia cuando un día 2 de Enero ese señor de bien intenta abrir su humilde nave industrial para iniciar el año con buen pie y no puede porque los alegres danzantes de la fiesta deslocalizada susurran «Mañaneo» al oido del viandante. Otra buena idea destrozada por las formas y bien que pueden hablar de ello los miembros de los colectivos «Free Party» que llevan años con esta cuestión entendida y en cada flyer enarbolan la bandera del civismo cómo única alternativa posible al entendimiento. A veces tienen éxito a veces no, como todo juego de mesa, pero para fabricar una cesta que no se rompa a la menor, hace falta tener buen mimbre.

Hasta que todos los actores de la función no entiendan que la convivencia es la única opción válida para que las peticiones de fin de semana prosperen a nivel político tendremos de manera cíclica una semana al año cómo esta. A ti, mañaneante te digo que la mujer del Cesar no solo tiene que ser discreta si no parecerla.  A ti, proveedor de servicios matinales, te aconsejo que si la mujer del Cesar no parece lo suficientemente discreta uses el «Not Today» para calmar las aguas. Sólo así se conseguirán mejores espacios, condiciones y ambiente para que por fin podamos parecernos a nuestras añoradas Berlín o Amsterdam