Otra vez las pistas de baile teñidas de rojo sangre. Otra vez. Otro festival importante que se desvanece en el horizonte. Otra vez las drogas en primera linea de la opinión pública. Otra vez.

Blue Parrot es un local situado en Playa del Carmen, Quintana Roo, Mexico, paradisiaco lugar de vacaciones donde podrás pasar tu luna de miel en un resort tope de gama y, casualidades de la vida, lugar donde se celebra en la primera quincena de Enero el conocido mundialmente BPM Festival; un conglomerado de fiestas diurnas y nocturnas. La noche de autos, la promotora española ElRow ponía la guinda del pastel  a una nueva edición del festejo. Casualidades, se produce un tiroteo; Provocado, según a quien le preguntes, por una persona a la que se negó la entrada por no llevar entrada, o por un camello del cartel del Golfo que luchaba por su hegemonía en la zona, o por el Cartel de los Zetas que no habían recibido el tributo correspondiente. Otros cuentan que la reyerta se produjo en el exterior del local. Nada oficial, todo conjeturas. Independientemente de todo esto, son 5 los fallecidos (3 de ellos miembros del staff de seguridad de la propia fiesta). Una tragedia total y absoluta.

Como siempre en estos casos, los cantos de sirena provenientes de la élite política no se han echo esperar, pidiendo a gritos la total erradicación de este tipo de eventos que, aparte de ser muy violentos, ser un nido de drogo dependientes en potencia, abrigo de criminales de toda condición; son una buena frente de ingresos y de trabajo (75.000 asistentes en 2016). El catalizador de todos estos desmanes, por supuesto, las drogas. De nada sirve que México sea considerado uno de los países más peligrosos del mundo y que, en el primer semestre del año murieran violentamente cerca de 18.000 personas (El 0,8% en Quintana Roo), cifras alejadas de estados como Sinaloa, Michoacan o Baja California donde las cifras son escandalosas. Corrupción, inseguridad, etc. Pero oye, cancelemos los festivales, porque si eliminamos la demanda, eliminaremos la oferta. Fácil.

Lo complicado es asumir, que la guerra contra las drogas hace años ha fracasado. Que el reguero de muertos asesinados por las balas mira desde muy arriba a los problemas causados por el consumo recreativo de sustancias. Que las autoridades políticas no pueden seguir sosteniendo más tiempo esa huida hacia adelante: Cierro y me olvido, el problema que se lo queden otros. Pero seguiré sin buscar soluciones alternativas más allá de que la mierda no caiga sobre mi tejado.

Cuentan los mentideros que en Blue Parrot, la cocaína se vendía a voces como si de un mercadillo se tratara. No solo Blue Parrot, en Playa del Carmen es más fácil conseguir un gramo que beber agua. En Mexico, en Europa, incluso en Asia donde las leyes son implacables con el tráfico de drogas, es relativamente sencillo «pillar». Suficientes razones para buscar otras vías de combatir los problemas derivados de las mafias criminales que se han adeñuado de México y otros tantos países. Porque son eso, criminales, y terminar con las drogas no terminará con ellos tan instantaneamente como se piensa.