¡Pues ya estamos todas! Si quedaba alguna duda, la ha despejado Boiler Room apoyando la escena reggeton madrileña ¿? en forma de mini-video y posterior fiesta emitida en streaming que servirá para perpetuar nuestros tópicos de sol, siesta, fiesta y sabrosura. No será porque no hemos hecho esfuerzos más que de sobra para intentarlo y si en el mundillo de masas la cosa estaba clara, los más alternativos ya pueden hacerse la composición de lugar cuando vengan a menear bullate a las playas levantinas. Y menos mal que los de Boiler Room han venido a descubrir América por que si no es por ellos no nos enteramos de que eso que dice “Papi bailalo” bajo el ritmo anodino a la par que hipnotizante nos lleva, corbata en la cabeza, gintonic en mano y nariz manchada de farlopa, hacia la pista de baile es reggeton. ¡Gracias escenita!

Se hacía necesario poner luz a todo este embrollo que llevamos sufriendo los pollasviejas que, hace 20 años mendigábamos el beso de la guapa de clase en algunas de las discotecas light de moda: Pachá, But, Elite. Lo llamábamos pachanga y eran tiempos locos. Como muy locos fueron esas salidas universitarias a todo meter, 4 o 5 años más tarde arrasando con todo en garitos como la INN, Cats. Metiéndonos para el cuerpo el peor alcohol de la historia, que deja a lo de Chernobyl en pura anécdota.

Quien no se ha subido de tapadillo en Kapital Young al piso tres a menear trasero furtivamente con Lorna, Daddy Yankee. El reggeton de antes si que molaba.

La verdadera escena reggeton hay que mamarla desde donde nace. Donde te hace fuerte. Un Sábado noche en los bajos de Azca, en la discoteca Casablanca. Donde sientes lo que el racismo de verdad y tus pasos tienen que ser medidos porque la navaja asoma fácil y el olor a bala perdida te impregna desde que pones el pie en Nuevos Ministerios. La escena reggeton de Madrid es un tiroteo entre bandas latinas en la calle Orense.

El Spanish Perreo hay que ir a buscarlo, a los barrios del sur. Hay que buscarlo en Vallecas, en Carabanchel, en Usera, en Tetuan. Donde no llega el metro, donde huele a cerveza y a vómito. A bofetada. A esta mujer es mía y de nadie más. Donde no eres bienvenido y las miradas se clavan en tu nuca entrando en cualquier antro de Ciudad Lineal. Busca el perreo donde nace el perreo.

El resto es un sucedáneo edulcorado para pijos undergrounds. Que no te engañen.