Hace poco más de un año, la irrupción de un soplo de aire fresco en forma de nuevo festival en Madrid, removía la estabilidad social de la gran ciudad y esculpía cierta sonrisa en las caras de los sufridos amantes de la electrónica más elegante y puntera a nivel europeo. Se llamaba Paraíso, y no era para menos que, los acostumbrados a leer año tras año los idénticos anuncios que apostaban por esa supuesta vanguardia encarnada en los mismos aburridos nombres de las manidas estrellas del tech-house más adolescente y el trance más comercial, resoplaran ante la idea de poder, por fin, gozar con gente de la talla de Floating Points, Acid Pauli, Mr. Fingers o Gerd Janson sin tener que desplazarse en avión a alguno de los festivales holandeses más populares del estilo, evitando así un desembolso gigante en lo económico y lo físico.

2019 era el año de la confirmación del estilo; de determinar si hay o no hay sitio en Madrid para una propuesta que, si bien es aceptada a lo largo y ancho del globo, no terminaba de calar en el calendario estival español. 25.000 personas, un 40% más de asistencia y un sin fin de buenas palabras, vienen a confirmar que hay mimbres e interés.

Paraíso se celebra durante un fin de semana, con novedades importantes como un recinto cuidado, decorado a través de buenas propuestas artísticas en un entorno cómodo, a tiro de transporte público y con un horario amplio capaz de contentar a todos los públicos.. A nivel organizativo, pocas pegas pueden ponerse: Infraestructuras y personal suficiente para que los tiempos de espera se acortaran lo máximo posible, una cuidada oferta gastronómica y una serie de escenarios y zonas trabajadas en el sentido de mimar al asistente.

Maribou State serían los encargados de dar el pistoletazo de salida para el que subscribe, con Holly Walker a las voces, los británicos desmenuzaron su último disco el cual había servido para marcar en rojo s actuación. no defraudaron en su repertorio, repasando todas las joyas del largo, con un escenario abarrotado para ser la primera actuación de la tarde, con el sol castigando. Tras ellos el formato híbrido de BobMoses. empezando a subir temperatura, dandole calor a los subgraves del escenario principal Paraiso, quizás el de menos gusto artístico pero el que a la postre iba a ser el encargado de proporcionar los momentos musicales más pop del fin de semana.

Con Nicola Cruz llegó el primer éxito de la tarde. La propuesta andina congregó a una cantidad nada reseñable de asistentes, llegando a convertir el escenario Manifiesto como “zona con aforo completo”, ¡No había ni llegado la noche! Con esa cadencia latina, el ecuatoriano fue metiéndose en el bolsillo al respetable que abarrotaba la zona arbolada.

Tras él, el siguiente directo marcado en rojo era el de Ross From Friends, con un albumazo bajo el brazo para presentar. Moscoman realizó el calentamiento previo sin salirse del guión, quizás facilón, de lo que requería el anochecer. Por contra Felix Clary Weatherall con dos escuderos que lo ayudaran engraso un directo amable y bailable, en la línea de su Family Portrait. Lo-Fi House que le llaman, pues bienvenido seas. John Talabot tenía todas las de acertar, con la pista engrasada, el catalán no aprovecho su oportunidad (Parece que la noche se le atraganta al catalán). Un set demasiado plano con pocos momentos para flotar que dejó la pista fría ya que no dejó mucho lugar para el desmadre. No consiguió tampoco exprimir el sonido en su beneficio, quedando su hora y media en un quiero y no puedo. No obstante sería el fin de todo lo interesante de la jornada. Ni Kink ni Young Marco consiguieron engancharme a la pista, y Solomun tendría que devolver los discos y pedir perdón a las víctimas. Sería un verdadero fraude que el bosnio cobrase su caché integro. Tomen nota los organizadores cuando intenten sacar un puñado de entradas a través de una figura.

La jornada de Sábado comenzó temprano, para 10 o 12, Balkan Taksim desplegaba el etnicismo de su Rumanía natal a través de gaitas, citaras y otros elementos de corte turco para una hora de directo diseñada para tener unos minutos más de descanso. Lo siguiente en el escenario Club iba a ser sin duda el mejor set del festival.

Se presentaba una desconocida para el gran público. Si no hubiera sido por aquella Boiler Room en la que un simpático zagal se retorcía espasmódicamente ante los zurriagazos ácidos de la irlandesa, pocos estaríamos allí. Or:La realizó un ejercicio notable de lectura de pista y entorno, que es lo que se le pide a un dj, básicamente. No reinventó la rueda ni se complicó la vida. Puso el bombo sinuoso a mover piernas. Se movió con soltura entre el House de corte inglés, con guiños al electro en algunas fases, pero destaco con sus pasajes atmosféricos cuasi trance, sus salidas de todo ácidas y una emotiva contundencia ideal para la caída del sol.

Tras el recital de la británica, se presentaba un nombre que picaba la curiosidad. Carista tenía la complicada papeleta de seguir el ritmo y apostó por un house de corte tribal y soulful. No bajo la intensidad y su dinamismo sobre el escenario nos mantuvo activos hasta la aparición de una de las estrellas de la noche. La coreana Peggy Gou forma parte de esa clase de djs a las que les pesa su condición de hype dentro del mundillo del underground, quizás por eso crea cierta pereza en cierto público. Se movió en la primera parte del set en el techno, tendiendo hacia el house que factura en su nuevo sello. Su momento fue cuando soltó una de sus perlas:

Momento de visitar de nuevo el abarrotado escenario Manifiesto. Motorcity Drum Ensemble hacía las delicias del personal a base de funk y disco de lenta factura, demasiado leve para que el comando avioneta permaneciera demasiado tiempo ya que, tras dos días de festival, el cuerpo pedía cierta velocidad y bombo de trazo grueso, que no lo íbamos a conseguir, cierto. Laurent Garnier y Mano Le Tough sufrieron la mayor de los inconvenientes. Un misterioso corte en los graves, quizás auspiciado por la policía, quizás por la falta de licencias, siempre sin explicación convincente. Un borrón en el historial del Paraíso, lo cual le impide a día de hoy a ser considerado una alternativa válida al viaje europeo a la que parecemos abocados. Por unas u otras, ya son años los que llevamos sin que en Madrid salga algo a pedir de boca, y una pena que un llamado a ser sobresaliente festival fuese emborronado con unos cierres de tan poca altura. Momento ya de recorrer el camino hacia al metro, no sin agradecer pasar la resaca dominical en casa y no realizando el check-out de un apartamento en Barcelona o tomando un tren infernal. Solo por eso quizás merezca la pena volver el año que viene y darnos otra oportunidad de entrar en el Paraíso.

Fotos extraídas del Facebook de Paraíso