Con las entradas vendidas desde hacía meses. Con dudas más que fundadas sobre la cohesión de su directo (A tenor de opiniones sobre todo de conciertos de inicio de gira). Con el sonido de La Riviera amenazando con dar su peor versión. Con un album notable que presentar pero que rozaba sibilínamente el espectro pop que tan poco gusta a los puristas. Con esto todo se presentó Bonobo un Jueves cualquiera a presentar su Migration ante un público dividido entre los que iban a salir de allí contentos pasara lo que pasara, y los que iban con el cuchillo entre los dientes a aprovechar el menor descuido para apuñalar sin compasión.

La puesta en escena de partida despejó ciertas dudas. Con unas cuantas pantallas LED mostrando el arte gráfico que ha ido acompañando todo lo referente al último LP del escocés y una banda que aparecía intermitente para interpretar los temas de Migration (Por cierto inicio de su directo). La primera parte de su directo quizás se paso de intimista, interpretando la parte quizás más tenue de su repertorio, con bombo suave y protagonismo de una vocalista que fue de lo más destacado del show. El que fuera buscando caña a estas alturas de la película ya estaba buscando un muñeco de vudú para no dejar hueso sin dolor. A tiempo de Cirrus que supuso un punto de inflexión en cuanto a contundencia. Los bombos suaves y acústicos dejaron paso a los bombos comprimidos y contundentes, a los flashes y a la intensidad, cortada cada poco con la voz angelical del ángel negro que iba y venía con puntualidad casi británica.

De lo intimo a lo salvaje titulo, porque en la hora y media de concierto pasamos del día a la noche de una forma y por un camino que casi nadie esperaba. Retrocediendo con audacia a su pasado para dar a los más bailones sus dosis de pista y volviendo al presente para regalarnos la lágrima fácil y el estribillo. De lo intimo a lo salvaje de un cierre de los de época con una re interpretación de Kerala en clave Jungle y un bis que entró como un trago de agua tras una noche agitada entre vasos de licor y humo de tabaco.

Simon Green me dejó un buen sabor de boca si. De notable su paso por Madrid y me hizo confirmar el gran cierto que es intentar aislarte de la información que corre por las redes sociales en este mundo tan globalizado que vive en un spoiler continuo (Y más si ha estado en Barcelona la noche anterior). Si me hubiera dejado llevar por ellos a buen seguro que la entrada hubiera sido revendido al mejor postor, que no faltaban para la velada. Nos volveremos a ver en la playa este verano, jugando en casa Simon. La parte mala de la historia que allí la intimidad queda reservada para un rincón de sombra bajo una sombrilla de playa. Otro examen.

 

Foto extraída de la página de Facebook de Bonobo