Es lo que resulta más destacable del VII Anuario de la Musica en Vivo, documento que la Asociación de Promotores Musicales presenta religiosamente cada Marzo. Destacable y sorprendente a partes iguales ya que al crecimiento del 9,7% en facturación del año 2014, tenemos que añadirle un nada desdeñable 12,1% en el pasado 2015.

Todo ello a pesar de que nuestras queridas instituciones mantengan nuestro pais en la segunda posición en cuanto a IVA culturales más altos y, probablemente, dejando sin algún que otro argumento a muchos promotores y empresarios de ocio nocturno que camuflan su mala gestión tras el manido IVAzo. Tal vez las salas vacías sean consecuencia de algún que otro factor más aparte, y es que, parece que los españoles, seguimos queriendo consumir música en directo e incluso pagar por ella.

¿Donde metemos a la electrónica?

Vayamos a lo que nos interesa, festivales y electrónica. Porque este anuario nos da datos muy interesantes en lo que respecta a asistencia a festivales y es que, Arenal Sound comanda el ranking junto con Rototom en número de asistentes, datos que a la postre no los consideraría del todo fiables, ya que en el caso del de Burriana no deja de ser un popurri con los estilos de moda a un precio más que tentador y el «Reggaero» no deja de tener una duración de 8 días. Mezclas aparte, tan solo Sonar aparece para representar a la electrónica más purista, y aparece en la lista para dejarla en gran lugar, superando a históricos como el FIB y consiguiendo un ratio de visitas diario al nivel de los que encabezan la lista, todo ello con un cartel algo más ajeno a los rompepistas.

Puede que España pida un cambio

 

Se nos está vendiendo el panorama festivalero español (electrónico) como el edén. Un edén sostenido, siempre según los que comen de esa manzana, en unos supuestos llenazos. Es la parte buena y divertida de las matemáticas, el poner a cada cual en su lugar. La nueva escena festivalera madrileña aun no ha llegado a consolidarse y ni está ni se la espera (El verano madrileño es duro). Tampoco parecen asomar los Dreambeach o Aquasellas, con carteles venidos a menos con el paso de los años. Todos ellos tienen un mismo denominador común, comparten nombres, y el problema es que esos nombres son mero humo, artistas con buena prensa y mucha repercusión pero que aburren al personal, artisticamente también. Que digo yo, que a lo mejor hay que tomar nota y tirar a un lado el escudo que supone una asistencia, que es, cuanto menos cuestionable. Puede que en este sentido, España también tenga que mirar hacia Europa.

Puedes leer el anuario completo aqui.