Pocas cosas no tenía yo descubiertas después de 30 años viviendo en una ciudad como Madrid; ese rinconcito hacia el Sur, otrora entre vías y andenes y hoy albergando un Planetario, el Imax y, recientemente, foco de la jarana dominical y diurna del Brunch In The Park, que celebraba su segunda edición tras una puesta de largo con claroscuros más que notables.

Paseando plácidamente, dejando atrás la urbe y introduciéndonos en el frondoso bosque, disipe dudas: 128 bpm de sonido de sub marcaban mis pasos, a unos cuantos metros ya se podían apreciar las mejoras de sonido realizadas,  corroboradas una vez franqueado un acceso rápido, son cola y eficiente. Se barruntaba mucha menos asistencia que en la inauguración, lo cual no impidió que se apreciaran las 2 principales mejoras: Un refuerzo de sonido y la inclusión de más sombras en el recinto. Ya no hace falta ponerse debajo del altavoz para apreciar algo de pegada y se agradece sobre todos para los que llegábamos con cierto retraso y no queríamos mezclarnos aun con la algarada.

Seamos sinceros también, y después de mucho rebuscar, no encuentro ni en mi memoria ni en registros fotográficos nada que pueda demostrar el añadido de nuevas barras, mucho más ágiles eso si que en la primera celebración. Tan solo una incomoda cola a la hora de canjear nuestro dinero por la ya famosa tarjeta cashless: Cosas de la hora punta tal vez. O cosas de números de asistentes, puede, que a ojo de buen cubero solo cubrían en esta ocasión la tercera parte de lo que congregaron los chicos de Hivern tan solo una semana antes.

Lo bueno era que sí se atisbaba un número de baños mayor y por ende, mucha menos colas así como en los puntos de devolución donde, el personal de Brunch, al que hay que darles un buen aplauso luchaban contra alguna que otra incidencia menor y devolvían el dinero no gastado a los clientes.

Ahora, solo te falta pulir los detalles más sencillos, que es coser y cantar porque seguramente tengas cierta inercia en tus acciones. Y ya para nota que dejes bailar a pequeños y mayores hasta más allá de la hora bruja, las 19:00 de la tarde que marca la caída del sol y el momento en el que los niños deben abandonar el recinto en un ejercicio de esa nuestra hipocricidad que permite el acceso a menores para lucir en la foto y los blogs más punteros pero, cuando dejan de ser útiles para el marketing y las cuentas (Recordemos que solo pagan 5€) ya saben donde esta la puerta. Se perderían los pequeños de la casa, un nuevo ejercicio de comportamiento ejemplar por parte del público madrileño (Y extranjero) que poblaba el recinto, una especie de bofetada ante una exageradísima presencia policial. Seguimos siendo ese novio malote que no te gustaba para tu hija, aun a pesar de llevar bastante tiempo ya portándote bien.

Por eso te mereces una tercera cita. Porque has echo lo posible para cumplir lo prometido y, en lo que está en tu mano, conseguido. Y es que, por mucho que lo intentes, no depende tan solo de ti que en Madrid, no se baile.