Cada año pasa, es ese momento cuando algo intangible te hace saltar, levantar los brazos, mirar a tu alrededor y dejarte llevar. Os voy a contar cuando me enamore de esta edición del Sonar 2016, que aunque pasa por ser de las más criticadas hasta la fecha por la prensa especializada, a mi me ha dado momentos impagables.

Pongamos que sales de SonarDome tras disfrutar de un melancolico e intenso concierto de Jamie Woon, en clave de soul, acompañado de dos coristas que le daban sabor británico al asunto. El sol luce radiante y una exultante Black Madonna que hace una escasa hora se movia en un techno sin mucho vaiven, ahora si repartía intensidad y bombo a diestro siniestro. Los brazos arriba en cada subida, los gritos, creo que en ese momento es cuando te enamoras del Sonar, en el Sonar Village, donde si no.

Así comenzaban los 3 días de intensidad por antonomasia en el calendario festivalero peninsular, en el Sonar Village, con la pulsera canjeada, cargada de euros suficientes para comer y beber durante 5 sesiones de baile y la sonrisa de oreja a oreja. Estamos en Barcelona y Bob Moses dan la bienvenida a la caída del sol con texturas calidas. Lo ponen dificil los canadienses a la hora de decidir si David August puede merecer la pena. La puesta en escena del alemán es la propia de un Sonar Hall abarrotado a la espera del plato fuerte del día, vamos con los pañuelos listos para escuchar un directo que da lo que espera: Emotividad y fuerza a partes iguales. Acompañado de batería y guitarra, sono justo lo que habiamos ido a buscar a la sala de la las telas rojas, sono como suenan las grandes cosas: Inmaculadas.

El cierre del Sonar Village suele ser otro de los momento de magia del festival, en esta ocasión uno de los totems del House americano era el encargado de hacerlo. Avisados estábamos, que no esperáramos gran cosa y tal cual. En clave tech-house; sin sudar apenas la camiseta, Kenny Dope nos regalo una hora y media de baile sin más, de contonearnos sin ganas. Mea culpa el no saber salir de ese enjambre para degustar el directo de Tuff City Kids, cosas del primer día, el tiempo aun no apremia, el final se ve aun lejos y se permiten ciertas licencias a la farándula. Ah, y seguimos odiando el funcionarado en las cabinas.

El Viernes tarde lo usamos a modo de kit kat para asistir a la fiesta conjunta que los chicos de Crew Love y Secret Sundaze organizaban en el Forum, otrora festival paralelo a tenor de los espectaculares carteles que durante el fin de semana se han dado cita al borde del mar. No sin antes acercarnos a las primeras horas de Sonar para degustar del directo de Jackwasfaster, precedido de un descubrimiento de los que en el día de mañana puedas estar orgulloso de haber visto practicamente solo: Yo conoci a Sobrenadar antes de que fuera famosa. Del madrileño decir que conjugo un directo 100% desenchufado, exprimiendo los racimos de altavoces del Dome y congregando a una cantidad de publico mas que reseñable para las horas que eran. Merito es levantar al personal del como asiento verde y ponerlo a bailar.

Para esta ocasión los horarios no acompañaron, ni los precios, abusivos de todas todas, lo cual deslució la tarde pero que nos dejo al menos disfrutar con la peculiar fauna que se congregan cuando los chicos de Brooklyn monta un sarao, amen de toda la Crew alternados en cabina, enfrentandose a problemas más que evidentes de sonido y saliendo del paso con esa mezcla de house, deep, funky y soul que los hace tan especiales como invisibles al publico español. El live de David Marston la sorpresa de la tarde, el de Toni Allen la decepción. Hacia las 21 enfilabamos camino de la Fira donde Jean Michael Jarre iba a comenzar su espectaculo amparado tras pantallas de LEDs, llamadlo EDM que sois sabios en esto y tendréis razón.

A mi no me lo parecio ni mucho menos, será que he visitado más de lo que quisiera los paraisos del confeti y los cañones de fuego, pero mi opinión, y sin ser erudito en la materia, es que JMJ se paseó con la solvencia de un fuera de serie por el Sonar Club, exprimiendo todas y cada una de las virtudes de un espacio de tal magnitud y estando a la altura del escenario. La última parte de su directo que la cuenten otros, ya que con los primeros compases de «4 Degrees» asomaba a la carrera en la parte trasera de SonarPub para degustar una de las propuestas que despertaban más interes de esta edición: Anohni, con la presencia contenida y un tanto segundona de Hudson Mohawke y Oneothrix Point Never en los laterales. Un cuasi satanico Antony desgrano su Hopelessness con paso firme, apoyado en unas visuales de las que transmiten, agobian, remueven. Quizás sea el pero de su propuesta, o su virtud, pero salimos de allí con una sensación extraña, poco propicia para la farra y el desenfreno que se suele vivir en las noches del Sonar, donde la quimica le quita el protagonismo a la pluma.

Suerte que Soichi Terada era el siguiente en salir a escena, inaugurando mi presencia en Sonar Lab, escenario comisionado por Resident Advisor. El japones digamos que tiene carisma, ya no es solo su House de tinte buenrrollista y feliz, es que es un dj de los «salaos», de los que te ponen la sonrisa en la cara y activan tus piernas. Por algo te has ganado los aplausos todo un Kerri Chandler, rendido tus pies:

Con todo, la siguiente parada era el live de Flume, ideal para tomarnos un descanso y difrutar sentados de su nuevo album, yo esperaba la remezcla a Disclosure y me la regalo en su ultimo tema.

Era el momento de realizar la primera incursión en la posiblemente, mayor novedad de la edición. Recuperar los sets largos y a la vez, transformar una zona casi de paso en una referencia. Mucho se ha escrito sobre esta zona, en primer lugar, los accesos al parecer caoticos. Será que vivo en Madrid, y en la capital tenemos grabado a fuego lo que pasa cuando por un camino estrecho se junta mucha gente que quiere entrar con mucha gente que quiere salir, por ello, se limitaba ese tráfico de entrada a modo de semaforo, de ahi las colas que se vivieron. En mi caso, no esperé más de 5 minutos en horas puntas de ambos días. Es cuestión tan solo de tener paciencia, aunque para evitar esto, bastaría con haber habilitado una salida en otro punto del circulo de toldos rojos, dejando mayor espacio para los ansiosos clubbers que querían dejarse llevar por la magia del nuevo espacio. De Four Tet, poco que decir, aportó mucho rompepista (Nuites Sonores, Opus), ecleticismo en su primera hora. Sin demasiadas sorpresas.

El cierre del Viernes corrió a cargo del local John Talabot que, aunque jugaba en casa con el amanecer en su favor, se decantó por su faceta más zapatillesca desaprovechando una oportunidad de oro de darnos un cierre para la historia. Ya van unos cuantos que se dejan seducir por el potente sonido de Sonar Pub (Y en general en todas las areas) y se dejan el alma en el camino.

Ya estamos a Sabado, que rapido ha pasado todo. Por delante una jornada maratoniana, de las de sacar fuerzas de flaqueza, de donde no las hay. Hoy hay que morir bailando porque mañana solo quedan maletas y trenes. Comparecimos con retraso en la Fira; apareció también la lluvia, de manera torrencial, trasladándonos al 2014, y empujándonos hacia el Sonar Hall. Oneothrix Point Never aporto su granito de arena a la tormenta proponiendo una buena gama de rayos, truenos y centellas, virando hacia caminos más ambientales a lo largo de su slot. Era quizás uno de los directos más esperados, pero terminó con menos publico con los que empezó. Otro cantar fue lo de Howling, que sonaron a delicia. Desgranaron prácticamente todos sus hits, enlazando una reinterpretación de Radiohead con su archiconocido Howling y terminando un estratosferico directo con una reinterpretación de «Stole the Night», para completar la mejor actuación de este Sonar 2016. Se hace nesario algo así una vez al año en el Hall.

De Ed Banger y su showcase tan solo comentar de pasada que tiraron hacia el house más clásico sonando incluso Farley Jackmaster Funk o Dj Deeon. Quizás poco arriesgado, pero muy pocos se la juegan el Sabado a las 22 de la noche en el Sonar Village. Solo uno hace 3 años se salió del guión y fijaos lo que ocurrió.

La ultima noche comenzaba con el pistoletazo de salida de unos New Order con su area atestada de publico con brazos en alto, coreando los himnos de la mitica banda, me perdi el New Order pero mereció la pena, ahora vereis por qué.

Pongámosle un pero al set de DJ EZ, leyenda del 2-step y el UK Garaje: La escasísima hora de duración de su set. Demosle una ovación cerrada a 60 minutos de adrenalina echa musica. El ingles ha aportado a la memoria colectiva de los alli presentes los momentos más intensos del fin de semana. En mi cabeza aun vuelan las imagenes de ese momento, cuando el RipGroove de Double 99 era escupido por los subwoofers del Sonar Lab, elevando las almas al cielo. Se sabía y se esperaba, Dj Ez iba a ser de los destacados y cumplió con su condición de favorito: Sobresaliente.

Tiempo de visitar durante unas horas el templo circular donde Laurent Garnier sentaba catedra a base de techno (Previo paso por el house, reggae y jazz) en las 7 horas que estuvo a los mandos de la cabina de Sonar Car, ya os he explicado anteriormente los detalles de indole organizativa. A mi Garnier me gustó a ratos, si bien a las 4 de la mañana terminó por lanzarme a recorrer el recinto en modo «pulular» ya que estaba tomando el camino sinuoso del desarrollo denso, una parte de su set demasiado lineal tal vez para lo que requerían las horas. No se si fue la mejor idea, ya que fueron un par de horas de vagar por un recinto entregado al baile en sus diferentes formas. Fatboy Slim recurriendo a la batucada, el Sonar Lab dando la sorpresa con sonidos House, hasta que tomo el mando de las operaciones el aleman Ben Klock, cerrando un area que años atras había quedado reducida al publico más inglés pero que en esta edición iba a ser la referente al aire libre (En detrimento de un Sonar Pub algo más desangelado en el cierre de Jackmaster).

La ultima media hora de bailoteo, como casi siempre, fue dedicada al maestro francés (No sin dudas previas muy serias en favor de Ben Klock). Pecamos de poco riesgo y es que parece que un cierre sin Garnier es prácticamente como un jardín sin flores. En contra estaba, que el cierre de Garnier se supone que nos lo sabemos de memoria pero desde hace ya unos años, que el francés no celebra sus 20 años de historia tras las cabinas; esto significa que en sus sets tan solo podrás escuchar 3 o 4 temas marca de la casa como pueden ser Crispy Bacon o Poney Part. Con solo una persona que se hiciera las 7 horas ya os podeis hacer una idea de como fue la cosa. Garnier salió como casi siempre a hombros, siempre en un discreto segundo plano. Clase.

Así termina una nueva edición de Sonar, quizás el año en el que ha mirado menos hacia el futuro ganandose fuertes críticas. A mi me sigue enamorando un atardecer en el Sonar Village, a veces con poco basta. La buena noticia es que queda 1 día menos para Sonar 2017

 

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