No va a pasar a la historia de la música la edición 2022 del Paraiso, ni falta que le hace a nuestro Dekmantel a la madrileña, aunque sólo tenga de Dekmantel una sobredosis disco y zonas de baile con sombra. Lo que hace especial este evento es sin duda la charla y el encuentro con tus panas de pista, con los fellas a los que la paternidad, la pandemia y el paso del tiempo ha hecho que los pierdas de vista, porque claro, ya uno no puede permitirse pasarse la noches tontamente en la Siroco y oye, en una tarde noche te has visto a todos los colegas de pista (Da igual que seas un frescoreta, amante del post garaje industrial o fan de Auteche, irás al Paraiso a retozar) y de paso te ves alguna sesión medio bailable y el dinero de la entrada está más que invertido.

Porque hay que decir que este festival está organizado de cojones, con mucho mimo. Se han dejado de gastar la pasta en carpas enormes y megaescenarios, inflación obliga, y han apostado por la calidad, porque los asistentes somos ya mayores y con la edad uno se pone exigente en algunas cuestiones cómo por ejemplo no esperar una eternidad para pedir una copa, buena cena (Aunque ni la probara) y comodidad en el amplio sentido de la palabra: Desplazamientos mínimos entre escenarios y metro y opciones de transporte público a tiro de piedra. Del sonido, pues recordando la última edición, uno no iba con el listón muy alto, que sonara, y sonó lo suficiente para poder gozartela cerca de los altavoces y no marear al vecindario, aunque el vecindario este a ni se sabe los kilometros, pero hay que llevarse bien con todos, por aquello de celebrarlo e 2023, que buena falta hará.

Pero aquí hemos venido por la música, si bien nada que pase a los anales de la historia pero si varias cosas que comentar. Nos centraremos en el Sábado, único que día en los que la familia dio margen y un menú variado: Escenario Club, el grandote, con pantallas y sabor Awakenings, el «Bosque», muy Dekmantel, y el escenario Nido donde tendríamos las apuestas locales.

Entramos en verdadera materia con Bradley Zero, Camavinga para los amigos, un desconocido para el gran público, seguro, pero bien gozoso. Se marcó una hora y media estratosférica, de esas de house de metrónomo que te hace entrar en resonancia y moverte al son de cada bombo y elevarte en cada subidón (Tururillos y manos al aire). Posteriormente, traslado al escenario grande, un Awakenings a la madrileña por aquello de las pantallas LEDs, y una incorporación de última hora como es Dj Seinfield, que se caso una sesión de radio formula bien enlazada, bien mezclada y oye, que aquí estamos por y para la fiesta y por y para la fiesta hizo. Un sorpresón escuchar este tema:

En paralelo a la sesión del bueno de Dj Seinfield en el escenario Nido estaban pasando cositas. Savino o lo que es su nuevo aka, Jan Swan, con un 50% más de bio y otro 50% más orgánico estrenaba su live y los grupos de Whatsapp ardían tal y como arderían las stories y las crónicas posteriores. Mi grupito de psico tranceros estaban cómo locos con ese cierre de full-on psytrancero de los de levantar a los muertos. La mejor jugada de todo el fin de semana y que, visto que Alvaro Cabana y Javi Redondo salieron a hombros el Viernes en esa misma plaza, y visto también el pobre desempeño de los pesos pesados en los escenarios grandes, parece que parte de la escena nacional pide a gritos que aparte de escenarios en las esquinas recónditas de los recintos, se empiecen a programar a los Jan Swans de la vida en los escenarios gordos y en las horas gordas. Petición 2023.

Hablemos de Talabot. En 2019 consiguió ya el sobrenombre de Taladrot con una sesión que pasara a la historia por aburrida. Su manager ha vuelto a engañar a la organización de Paraiso, esta vez por partida doble con un b2b con Pional que no entiende nadie. La cosa ya os digo que salió mal. ¿Sabeis cuanto dura el Altered States de Ron Trent? 13 minutos y 38 segundos. Bueno pues no se dejó ni un bombo, y así una parte importante de su sesión, dejando los temas enteros, lo cual cuando uno es del frente melódico sabe que es sinónimo de quedarse dormido de pie. Si a esto le sumamos que el chaval es un super clase mundial y lo ha demostrado n-mil veces, intuimos que se paseo por la capital, 2 veces ya, a llevarselo muerto y el veredicto es que devuelva el caché y la petición Paraiso 2023 es que aprovechen ese dinero para traer a Jane Fitz y Donato Dozzy.

Y en estas que llegó Ben UFO, a las 4 am se puso el primer bombo con enjundia y salvó los muebles de manera barbara. Se puso el mono de faena a base de puritito sonido UK, con su base techno, su raito break y su sabor bass y UKG. una delicia para los oídos y para muestra un botón. Decir que fue el que mejor rendimiento sacó del sonido en ese escenario Jardín.

Con esto termina una edición 2022 de Paraíso de toma pan y moja, con una organización de matrícula de honor, mejorable en lo musical pero inmejorable en lo sentimental. Ya solo quedan 11 meses para Paraíso 2023.