– Juan, dijo Manuel:

– ¡Dime!

– El Martes que viene tengo un plan que proponerte. Básicamente es ir a un concierto, con artistas desconocidos, te avisan unos días antes del sitio y son 10€.

Permitidme que en mi conversación con Manuel omita exabruptos, apologías y demás pero, a grandes rasgos, esta es la primera vez que oigo hablar de Sofar Madrid.

Tirando de la madeja, resulta que Sofar es todo un fenómeno global, presente en un “huevillón” de ciudades a lo largo del globo terráqueo. El modus operandi es el siguiente: Te apuntas en su web, las plazas se sortean y si resultas seleccionado, previo pago de 10€, podrás disfrutar de un concierto íntimo (50 personas a lo sumo conté aquella tarde-noche) con los artistas a tiro de colleja. Y todo esto porque, por raro que pueda parecer, existe gente cansada de tanto parloteo, Instagram y demás inconvenientes con los que se suele lidiar a la hora de acudir a un concierto en alguna sala más o menos de capacidad media.

Me cito con Manuel a las 19:30 de una tarde de Martes, en plena pre-ola de frío. En Sofar te puedes llevar tu propio avituallamiento, y te animan a compartirlo con el resto de asistentes, así que apuramos el tiempo en buscar algún local donde poder comprar cervezas, refrescos y merienda. Sobre las 20:00 ya podemos acceder al misterioso lugar donde se celebrará el evento. Subimos 4 pisos, es uno de estos espacios tan de moda entre los millenials con ganas de hacer grandes cosas: Un coworking, concretamente el salón de actos.

Hay cojines, sillones de colores, una mesa. Un chico cede su asiento a una chica embarazada que sonríe y da las gracias. Opto por tirarme al suelo, a las bravas, justo en medio de la sala, tocando con la punta de los dedos el pie del micrófono que el personal técnico ha instalado junto con varias pedaleras de efectos de guitarra, bajo y un bombo. Por la sala colgados varios carteles que anuncian a cada una de las 3 bandas que tocarán 4 temas cada uno. Me suena Delaporte, los últimos en discordia. Les preceden Ana Dawson y Olivemoon que serán los primeros en comparecer tras la presentación realizada por una de las organiozadoras.

– Por favor, disfrutar del concierto, intentad no usar el móvil y respetar la música.

4 miembros de Olivemoon comparecen, y sacan a relucir una propuesta musical cercana al country. Quieren que vayamos al concierto que dan el Viernes en la sala Moby Dyck de Madrid y regalan 20 entradas. Muchos se afanan en conseguirlas, será el único momento en el que se vean móviles en las manos de los asistentes. En los corrillos que se forman después de su actuación, se confirma su éxito y 2 chicas le cuentan al cantante que se verán el Viernes.

Mientras tanto, el escenario cambia y las guitarras son sustituidas por los ordenadores y las controladoras MIDI. Andrea Dawson canta como los ángeles y muestra su timidez en público. No se achica, pero se la ve nerviosa. Invita a un colaborador de New Jersey a rapear uno de sus temas y cierra su actuación acompañada en escena de una saxofonista (Además de su compañero a las máquinas).

Delaporte serán los siguientes; Mierda, tienen sintetizadores y eso me gusta, tengo que irme a otro lugar, ¡Joder! No pasan 2 horas y tengo ya la solicitud enviada para poder al primer Sofar disponible. Con ganas de poder disfrutarlo de principio a fin.