Volvía LEV al Matadero en su fecha habitual. Volvía en el formato habitual en tiempos de pandemia, con 3 ejes bien diferenciados: Por un lado Vortex y sus espacios de realidad aumentada, instalaciones audiovisuales y, esta vez en formato presencial, la parte más audio que un festival de electrónica visual puede ofrecer.

Hubo que elegir entre una cantidad de buenísimas propuestas que se iban a realizar en la Sala Azcona de la Cineteca de Matadero. Las actuaciones en ese recinto se iban a suceder durante 3 días en dos pases diarios de dos directos en cada pase. En la matriz de decisión hubo que dejar fuera propuestas históricas como la de Lee Gamble y esas otras propuestas desconocidas para el oido inexperto y poco actualizado en nuevas tendencias electrónicos del que suscribe. El resultado final: Domingo, 22:00 pm y a los mandos de la nave Varg & Croatian Amor cómo plato fuerte y un entrante a compartir con Bromo.

Con el tiempo cumplido enfilamos la entrada en la sala, normalmente sala de cine, adaptada para la ocasión. Público con mascarillas y separación en grupos de entradas conjuntas, que para pegarse el covid ya están los botellones de los más jóvenes. Comparece Bromo con su directo No Signal, proponiendo «un viaje inmersivo a través del espacio» y vaya que si. Un live donde la parte visual cobra protagonismo con respecto al musical, basado en puro drone, para hilar una historia cósmica con innumerables referencias a la carrera espacial, cosmonautas, la Luna y demás satélites, llegando al climax en una exposición de campos magnéticos terrestres en cuyo pasaje Azael Ferrer desplegó la mayor delicia visual de la tarde noche. Para muestra un botón y un aplauso muy grande para esta propuesta que llegó de entrante y acabó siendo el plato destacado del menú.

Tras un breve descanso para descansar oido y vista, nos encaminamos al último directo del festival, los cabeza de cartel Varg y Croatian Amor listos para culminar en directo su serie de colaboraciones que ha dado con un notable Body Of Content con ese sonido que unos llamarán neo-trap, grime o vete a saber que subgenero, pero que en todo caso me recuerda poderosamente al trabajo de Amnesia Scanner. Voces ultraprocesadas y glitcheadas, ritmos trip-hop y escasas concesiones al ambient o a la pausa.

Todo el directo giró en torno al disco de portada rosa. Croatian Amor a los mandos musicales y un distraido Varg cumpliendo el expediente lanzando las visuales con la misma actitud que si estuviera esperando unos huevos revueltos en el buffet libre de desayunos de cualquier hotel de Fuengirola.

Con un discurso visual brutalista y deslabazado, me dejó cierto mal sabor de boca el conjunto en sí; careció de lo que si tuvo Bromo: hilo conductor. A la postre, se convirtió en un directo más previsto para gastar suela en la pista, cosa que no pudo ocurrir más allá de aguantar con el culo apretado las ganas de surcar el cemento a lomos de un sonido más que decente y apabullante en mucho de sus tramos finales.

Quedó por tanto un buen computo general a esta breve asistencia por el LEV que hecho de menos el baile o por lo menos el contoneo, que esperemos vuelva el año que viene. Por el momento bueno es conformarse con esto, comentar la jugada con amigos y volver a los recintos después de tanto tiempo bien lo merecen. Larga vida al LEV.