Llegar con cierto tiempo a los sitios te permite hacerte una composición de lugar de lo que te puedes encontrar y, aunque no era mi intención llegar al local de la ONG Desarrollo y Bienestar con casi media hora de antelación, si que me permitió tomarme unos minutos para observar discretamente a las personas que iban llegando y dialogaban entre sí frente a la puerta cerrada a cal y canto de la asociación.

Ana sería la persona que nos abriría las puertas de una oscura oficina con varias salas, folletos informativos y tablones de corcho con todo tipo de información. Sentados en sillas de academia con una carpeta naranja entre nuestras manos comenzamos a conocernos. Disculpadme si no me acuerdo de nombres.

Ana es la coordinadora, aunque no le gusta que la llamen como tal. Es arquitecta y, para mi sorpresa deja la pizarra de lado y deja que hablemos, debatamos, discutamos… Nadie ha abierto aun la carpeta naranja. Quizás sea una forma de aprender que me resulte extraña, tan acostumbrado a las clases magistrales universitarias y a la formación generalmente unidireccional que recibimos en el trabajo. Pero se trata de aprender, y los conceptos basicos con los que se van a trabajar quedan relativamente aclarados, y digo relativamente porque la prevención de riesgos o la reducción de daños no tengan definiciones binarias y tengamos que buscar su significado en la paleta de los colores grises.

La charla torna en algo más personal en los diferentes corrillos que comentan la jugada en la puerta de la asociación al abrigo del tabaco de liar, las patatas y las gominolas. Se intuyen experiencias vitales muy profundas, se intuyen conocimientos y ganas de conocer. La carpeta naranja ya se ha abierto y el camino está marcado.

Proxima cita el 15 de Marzo, parada: intervenciones con alcohol.