Allá por Noviembre de 2015, la conocida marca de Vodka, Absolut, se sumó a la larga lista de marcas que en algún momento de su historia creyó que la música electrónica y la cultura de club era un buen vehículo para maximizar ingresos y meterse en el bolsillo a unos cuantos bailarines de la escena. Organizaron unos cuantos días de fiestas gratuitas en el recinto IFEMA donde repartieron cocteles a mansalva y se bailó bajo el influjo de las aguzas de gente como Objekt, Koreless, Visionist o Jessy Lanza.

3 años después, la misma marca de bebidas alcohólicas volvió bajo el nombre de Absolut Manifesto donde con mensajes de superación azucarada y gran responsabilidad con el mundo intentaría volver a meter en la cabeza de la juventud que la compra de Vodka es buena idea y si esta botella es Absolut, pues mejor. Para ello, en esta ocasión se ayuda de una muestra de arte y la banda sonora de artistas del momento como Lena Willikens, Evian Christ o Lorenzo Senni.

El escenario no podía ser mejor. La electrónica volvía al Madrid Arena, en concreto la extinta sala Satelite que tantas buenas sesiones y directos albergó dentro de aquel marco incomparable que era Klubbers. Flanquear la entrada por donde, en su momento estaba el escenario se antojaba especial. Los empleados, vestidos para la ocasión con las mismas ropas que en la fiesta del Ifema se afanaban en dar las pulseras pre cargadas con 3 consumiciones y tras dejar los abrigos en un ropera gratuito (si, GRA TU I TO) nos adentramos en el mundo multicolor que en esta ocasión Absolut ha propuesto.

2 escenarios tendrían el peso musical de la velada. En el más pequeño, La Noche desarrollaba su live en un toque minimal oscuro, pausado y contundente mientras nos perdíamos curioseando en las instalaciones artísticas que se habían preparado para la ocasión. Un mural de fotos para reivindicar cualquier opción sexual, atletas encerrados en jaula y la reinvención de las webcams porno que una artista neoyorquina proponía a través de Skype y con la cual podías interactuar.

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De beber, que si no: Vodka marca Absolut en formatos coktail o en su formato más clásico: mezclado con refrescos. No nos llevemos a engaño, Absolut no ha venido este fin de semana a salvar la escena ni a regalarnos los oídos. Ha venido a vender, a dejarse ver y la música quedaba en un plano accesorio. Muestra de ello la disparatada distribución horaria de los artistas los cuales tuvieron entre 40-50 minutos para desarrollar sus discursos musicales para gozo y deleite de una multitud en muchos casos fuera de lugar. Es lo que tiene lo que algunos llaman postureo.

Vamos que, te has traído desde Berlín a una artista como la copa de un pino como es Lena Willikens, y la pones a pinchar media horita pagándole seguramente un cache completo (aprovechando eso sí, que rondaría la península para su set en Barcelona). De locos y de traca, pero suficiente para que las influencers del momento cobraran una cantidad insultantemente alta por subir la foto de turno a la red social de turno. Amarna Miller movía el esqueleto a ritmo de Horse Meat Disco en lo que seguramente fuera su primer contacto con el disco. Milagros del dinero. “Quiero la libertad en mi vida, en mis decisiones, en mis valores. 🌈 Que nada oprima, que nada pese. Quiero ser libre para amar a quien quiera de la forma que mejor nos parezca. Ahora, imagínate un fiestón donde se puedan celebrar esas libertades, donde la creación artística y musical derriben las barreras que nos constriñen” que decía la actriz y es que vivimos en un mundo en el que todo es posible, incluso que el capitalismo salvaje y el consumismo atroz vendan el ideal de la libertad en un tarro de 25 centilitros con una tapa que deja el espacio justo para poder meter una pajita y poder, beberte toda esa libertad en 4 sorbos.