Si los amigos es la familia que se elige, Electrosplash bien pudiera ser ese lugar donde reencontrarte cada año, una suerte de celebración navideña donde los extraños son tus amigos en la pista de baile. Y como de familia va la cosa, dad la bienvenida a la familia, y dejad que os cuente su historia, a Daniel De La Fuente. Así lo vivió.

Obviando sus antecedentes como after oficial del FIB en la playa del Gurugú y su paso por Burriana, desde que se instaló definitivamente en Vinaros nos ha dejado momentos memorables de música y diversión. Un recinto familiar a la orilla del mediterráneo, un ambiente agradable y divertido, precios económicos y una nómina de artistas de grandísima calidad y, en algunos casos, casi inéditos en nuestro país. En las dos anteriores ediciones, y gracias a Electrosplash hemos podido disfrutar de los sets y directos de Coma, Crazy P, Lindstrom, Ejeca, Craig Richards, Red Axes, Moscoman o Zombies in Miami, entre otros.

Vinaros, como siempre, nos ofrece buenas sensaciones a nuestra llegada; ambiente amable y tranquilo, pocos turistas, curiosos parroquianos que nos preguntan por nuestra procedencia, por los motivos que nos hacen peregrinar al festival; una impresión general de que el pueblo – uno de los quizás menos turísticos y masificados que se asoman al mediterráneo en la sobresaturada costa levantina -, está contento con Electrosplash, el festival que pone al pueblo en el mapa, los pocos conflictos que genera y el público en general adulto y respetuoso que atrae a sus playas.

El festival es familiar, agradable y bien planificado. Aunque hay algunos fallos, probablemente provocados por la falta de medios y subvenciones públicas de las que otros eventos sí que disfrutan, los detalles importantes se cuidan: en especial, un sistema de sonido más que sobresaliente y muy buena atención y trato al público en barras, taquillas. Se agradece, y mucho, la cercanía de la organización, no sólo con los medios sino con todos los asistentes. El director del festival y sus colaboradores cuidan la logística, atienden a los artistas, charlan con los trabajadores, bailan con los asistentes, atienden nuestras alabanzas, pero también las quejas o sugerencias: ¡Que cierre más tarde!, ¡Que abra más pronto!, ¡Queremos paella!, ¡No me gusta la ginebra!, ¡Falta césped artificial! Los que ya tenemos una edad, ciertas inquietudes musicales y nos divertimos bailando como niños pedimos muy poco para pasarlo bien. Lamentablemente, nuestras peticiones no suelen ser foco de atención en la mayor parte de los eventos que se organizan en nuestro país. No nos gustan los fuegos artificiales y los escenarios con delirios de grandeza si no van acompañadas de buena música y buen sonido. Pero Electrosplash es diferente.

Este año, la zona principal del festival, instalada en la pinada, se puede complementar con un bosque donde bailar el house de Kevin Yost y de Kresy, una playa donde tararear el sonido disco de Tornado Wallace o levantar el puño al son del techno suave y profundo de Edward o XDB. Sí, por fin, tras tres ediciones, el sonido llega alto, claro y nítido a la orilla del mar.

No necesitamos decenas de miles de almas levantando las manos. Preferimos una atmósfera familiar, cálida y envolvente mientras Hunee y Tama Sumo desgranan su maleta o Fort Romeau nos hace volar con sus melodías soñadoras. Los láseres y el megatrón sobran si no van acompañadas de la clase exagerada de Beneditk Frey, el alemán que conquistó nuestros corazones, nuestros oídos y nuestras caderas. Hasta en los momentos musicales más simples y ramplones, en la localización adecuada, podemos divertirnos con el tech-house alemán Ame aunque su música suene fácil y poco arriesgada, o bailar las turbinas de Radio Slave con el puño en alto y la mejor de nuestras sonrisas.

El domingo a última hora, tremendo electro/techno/ácido/zapatillero de Helena Hauff mediante, y cuando el escenario enmudece, los últimos valientes desfilamos hacia otros quehaceres y hacemos balance de una edición más de Electrosplash, que una vez más se ha mantenido fiel a su filosofía.

Nos vamos preguntando porqué cuesta tanto arrastrar a la gente a bailar de día, si el Indie tiene sentido en un festival de profesionales del Clubbing, si había más o menos público que otras ediciones, si Benedikt Frey habrá perdido el avión o si todos los nuevos amigos que hemos hecho se acordarán de nosotros al día siguiente. Reflexiones menores, todas ellas, cuando el buen sabor de boca que nos queda, tal y como sucedió en las anteriores ediciones, nos asegura que en 2017, cuando llegue Julio, estaremos una vez más desfilando por la AP7 camino de Vinaros a bailar en familia en Electrosplash.

Los videos y fotos son cortesía del autor de esta crónica: Daniel de la Fuente