A medida que la edad va haciendo mella en los cuerpos, uno va dejándose llevar por el camino por el camino de la intimidad y el buen hacer y se deja seducir en menor medida por los cantos de sirenas del macrofestival facilón y copado por la promoción y la publicidad. Mugako quizás sea uno de esos festivales, que, en el ámbito de la electrónica, mejor represente esas ventajas que tiene el pequeño formato: Un trato al cliente cuidado al detalle, las cosas realizadas con mimo y el sabor que tienen las cosas hechas desde el amor al arte y el corazón.

Se nota ese sabor desde la entrada al Artium, hablamos del Jueves tarde, en la cual el personal repartía pulseras, acreditaciones y programa (Un tríptico poco manejable, tamaño casi folio que quizás sea el único “pero” a ponerle a estos 3 días). Un Jueves dedicado en exclusiva al showcase del sello Analogical Force y al cual daba el pistoletazo de salida Steven Rutter a base de los primeros bombos que, no arrancaban aun los primeros bailes en un público adulto y sosegado que parecía no atreverse con las primeras filas de la sala principal del Artium.

Pye Corner Audio presentó su directo en clave ambiental, buscando atmósferas cálidas, jugando con el sonido de la Roland 303 y adecuándose con precisión al ambiente y la hora de la tarde en la que nos encontrábamos. Jenkins se movió por debajo de los 120bpm en todo su directo mientras el personal iba entrando en la sala y pidiéndose los primeros tragos (A destacar una política de precios contenida en las consumiciones y destacando el kalimotxo como bebida favorita en una gran mayoría de los asistentes).

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Posteriormente el dúo electro finés Morphology dio el pistoletazo de salida al baile y al desenfreno, exprimiendo el gran sonido instalado para la ocasión y haciendo temer por los tímpanos de los asistentes. Mi desconocimiento del electro es tal que no me atreveré a dar una respuesta sólida ante tal directo, básicamente me basaré en mi percepción personal: Notable alto, y posiblemente, a tenor de los comentarios en los corrillos del patio de fumadores, los triunfadores del día y en un puesto muy alto en el global del fin de semana.

El set de Pervert, capo de AF ya fue harina de otro costal; un giro hacia al techno algo más rudo y industrial. Servidor vio partes sueltas del set que dejó también buen sabor de boca en los asistentes.

Con Barker & Baumeker ya nos adentramos en primera linea de batalla a dejarnos las últimas fuerzas en un set también sucio y oscuro, coqueteando con el EBM y con un fuerte poder audiovisual. Tras esto nos retiramos a nuestros aposentos con el buen sabor de boca de un primer día corto pero intenso. Mi paso por la Jimmy Jazz fue testimonial: El físico da para lo que da.

El Viernes sería a priori el día más interesante a nivel line-up para servidor. A las 16:30 ya estábamos puntuales para disfrutar el dub de Mark Ernestus con Tikiman a las voces. Impasible tras el Macbook, Ernestus hacía las veces de selector lanzando bajos profundos y flirteando con algún ritmo más cercano al reggae. Tikiman afinaba las voces. Una actuación perfectamente situada en la distribución horaria y que quizás a alguno se le hizo algo pesada, entendible por otra parte, al ser este tipo de sonidos algo estáticos y lineales en el tiempo.

El segundo plato del día sería el jovencísimo alemán Skee Mask. Tras la decepción inicial de conocer que la actuación sería tras los platos y no las máquinas, nos situamos bien cerquita de los subgraves. A los 10 minutos ya nos tenía convencidos el de Munich. La paleta de estilos en los que se mueve el autor de uno de los discos del año es inmensa y los mezcla con fluidez. La primera parte se movió cercana al techno con aire groovie y pistero dejando paso al jungle y el break en su segunda hora aupándose como uno de los triunfadores de esta edición.

Con Shed llegó la primera y casi única decepción del festival. No en vano era uno de los nombres, por calidad y poco habitual, apuntados en negrita cursiva. No llegó a arrancar. Se movió en un techno de corte dub, tosco y algo plano y lineal. Sin noticias de nada parecido a Head High y eso hizo que la segunda parte del set fuera dedicado a visitar la segunda zona habilitada en Artium. La terraza donde JKFlesh hacía las delicias con sonidos duros, bombo contundente no en vano me comentaron que tiene la simpatía de Regis y el entorno Downwards.

DMX Krew facturó su directo en clave acid y electro, con aromas y matices de funk sucio   y dió paso al triunfador y sorpresa del festival. Un desconocido para mí y unos cuantos: Alessandro Adriani, responsable del sello alemán Mannequin Records. Una oda a la selección musical, a la psicología de pista. Cada sonido enlazándose con otro, cada pieza ligada con precisión cirujana con la anterior. Cada platillo en su sitio, cada parón en su momento. Un set enteramente basado en sonidos cercanos a su sello, exprimiendo al máximo los graves y a la vez una contundencia inusitada (No en vano se movió en una velocidad de 138bpm durante sus 2 horas).

Último día de Artium y nos levantábamos con la noticia de la cancelación de los sets de Mick Harris y Blawan que serían sustituidos por Morphology y por James Ruskin (El chico comodín). PEARL daba la bienvenida con una contundencia inusitada en su última parte de set, la que tuvimos suerte de ver mientras nos acomodábamos en la barra. Destacar de la misma lo siguiente. Pasen y escuchen:

La terraza iba a ser cosa de Parallax. La madrileña cómo ya he comentado en algún post anterior está de dulce en este 2018 y lo demostró ante un público expectante y enfervorizado. La posibilidad de venirse arriba y pasarse a la cera era más que entendible pero la contención marcó el set de la de Geometrika. Mezclas precisas y con sentido. Beats a veces más electro, a veces más atmosféricos y una polivalencia técnica a la altura de los mejores del panorama. Dejó el pabellón bien alto y las críticas rozando la alabanza. Un sobresaliente.

J.C sería el siguiente en comparecer, añadiendo un estilo más a la la paleta sonora escuchada en Vitoria: Fue el único DJ que fue más allá del sonido jungle y se decantó en partes de su set por el drum & bass más puro. Tambíen tuvo la mala suerte de ser de los pocos con problemas técnicos, lo cual cortó en cierta medida la buena progresión de su set. Tras él, Bill Converse decantó la balanza hacia los ritmos más contundentes y technoides.

El cierre del festival correspondería a un directo de nombre impronunciable: Schwefelgelb con sabor a Panzer y de curiosa puesta en escena con una mujer de aspecto tétrico flanqueando al dueto.

El cierre de la velada corrió a cargo de una de las sorpresas y a la vez más esperado. James Ruskin ya había hecho la boca agua a la muchachada. Sólo con la noticia de la cancelación de Blawan a alguno ya se le habían hecho los ojos chiribitas y lo que pasó por el Artium fué un completo huracan. Suele pasar que la diferencia es lo más aclamado y, en esta edición, el ecleticismo y el revival rave inglés había copado la gran mayoría de actuaciones. Se entiende entonces que el contundente set del inglés entrara por el torrente sanguíneo de los asistente como el agua en la garganta de un sediento. Hay quien dice que nunca se bailó tanto y tan a muerte que en esas dos horas. Para guardar en la memoria durante el cierre con el respetable dando botes al ritmo de una de las joyas del propio Ruskin. No le dejaron por segundos regalar un último tema que habría puesto la guinda a la despedida de la edición diurna del festival.

De la parte nocturna del Mugako, desarrollada en la casi aledaña sala Kubik se puede hablar largo y tendido y quizás sea el punto negro del fin de semana. No solo por el sonido, claramente insuficiente sino porque los sets que se desarrollaron en el espacio no cumplieron del todo las expectativas. Es lo que tiene el formato b2b, que tan poco ilusiona al clubber avezado. Hector Oaks y CEM perpetraron un crimen el Viernes noche con un set deslavazado, sin coherencia sin discurso y con una técnica de principiante con descuadres estratosféricos. Avalon Emerson y JASS tuvieron algo más de tino en su selección musical, más tranquila y coherente en sus primeras horas de set (La Real aparte) moviéndose en terrenos más frescos, tirando de house, italo y ritmos más bajos de bpms. No obstante empañaron su buen hacer con una última hora de atmosferas ambient y jungle pausado cuando la pista y las piernas pedían un cierre más contundente. Kubik es el quizás el borrón del fin de semana en casi todos los aspectos técnicos, no obstante lo personal suele compensar y su terraza es caldo de cultivo para la charla y las futuras amistades. No se puede querer todo.

Mugako me ha caído bien. Su ambiente es de lo mejorcito del panorama, con el clubber veterano copando la pista. Precios asequibles, una ciudad que lo acoge con alegría y con mucho que ofrecer. Un lugar para volver. 2019 aquí te esperamos.